Príamo, rey de Troya, esperaba otro hijo con su esposa Hécuba. Ya a punto de dar a luz, la reina suena que en lugar de tener un bebe, daba a luz una antorcha que incendiaba toda la ciudad de Troya. Los sabios del lugar interpretaron el sueno de la forma más lógica: el niño que iba a nacer traería la ruina de Troya. Se decidió entonces, que el niño moriría pero para no ensuciarse las manos, se dejaría abandonado a su suerte. Se dice que el niño quizá fue amamantado por una Osa, lo cierto es que logró sobrevivir. Vivió como un pastor, conocido por su segundo nombre: Alejandro. Sucedía entonces que en aquellos días, se celebraban juegos en las festividades funerarias. Y el rey Príamo, organizó unos en memoria de Paris, su hijo menor, al cual daba por muerto. Se pidió sacrificar al mejor toro de la ciudad de Troya, el cual, casualmente, había sido criado por el joven Alejandro y este le tenía gran ap...
"Mitología es la religión del otro"