El tercer trabajo de Heracles consistió en apoderarse de la Cierva de Cerinia y llevarla viva de Énoe a Micenas. Este animal veloz y moteado tenía patas de bronce y cuernos de oro como los de un ciervo, por lo que algunos dicen que era un ciervo. Estaba consagrada a Artemis, quien, cuando era niña, vio cinco ciervas, más grandes que toros, paciendo en las orillas del río tesalio de guijarros negros llamado el Anauro, al pie de los Mintes Parrasios; el sol centelleaba en sus cuernos. Corriendo en su persecución, se apoderó de cuatro de ellas, una tras otra, con sus propias manos, y las unció a su carro; la quinta huyó a través del río Celadón a la Colina Cerinia, tal como había previsto Hera, quien ya pensaba en los trabajos de Heracles. Dos versiones de esta cacería: Poco dispuesto a matar o herir a la cierva, Heracles realizó este trabajo sin ejercer la menor fuerza. La persiguió incansablemente durante todo un año, y esa cacería lo llevó hasta...
"Mitología es la religión del otro"